2.4.2 Capacidad de reacción de la comunidad
La capacidad de afrontamiento es la habilidad de las personas, las organizaciones y los sistemas, utilizando las competencias y los recursos disponibles, para gestionar condiciones adversas, riesgos o catástrofes. La capacidad de afrontamiento requiere una concienciación continua, recursos y una buena gestión, tanto en tiempos normales como durante catástrofes o condiciones adversas. Las capacidades de afrontamiento contribuyen a reducir los riesgos de catástrofe.
El refuerzo de la preparación ante las catástrofes mediante la autoayuda y la ayuda mutua se considera esencial para la capacidad de hacer frente a catástrofes a gran escala en zonas extensas. Se dice que cuando una comunidad local cuenta con 1) una red humana, 2) un sentido de mutualidad (normas y reciprocidad) y 3) confianza mutua, las actividades de ayuda mutua tienen más probabilidades de prosperar y repercutir positivamente en las actividades de gestión de catástrofes. Se considera que el capital social es aquello que mejora la eficacia social centrándose en estos factores. También se dice que el "capital social" de las comunidades locales se activa con la preparación ante las catástrofes, y que existe una relación entre el "capital social" y la "preparación local ante las catástrofes" que potencia a ambos. El "compromiso cívico" es una de las actividades cívicas que potencian el capital social. La implicación individual y colectiva de los ciudadanos en los asuntos públicos es un factor importante para crear capital social.
En el campo de las contramedidas contra tsunamis para las carreteras, hay ejemplos de cooperación entre las autopistas y las comunidades locales para reforzar la capacidad de prevención de desastres de las comunidades locales en términos de evacuación de tsunamis. En el ámbito de la gestión del mantenimiento, los ciudadanos han empezado a participar en el proceso de inspección y notificación de daños en las carreteras locales. Estos son sólo algunos ejemplos de actividades de participación ciudadana en ciernes que contribuyen a la prevención de catástrofes en las carreteras y a la prevención de catástrofes regionales.
Queda por ver cómo la preparación de las comunidades locales ante las catástrofes puede mejorar la de las autopistas, pero, como mínimo, los administradores de carreteras deben colaborar con las comunidades locales en la prevención de catástrofes.